
Después de leer la prensa de hoy, cuesta pensar que estemos ante crisis aisladas. Hoy, el sector agrario vuelve a salir a la calle, esta vez hacia la ciudad condal, en un nuevo episodio de un malestar que ya no es coyuntural. Simultáneamente, aparecen de nuevo las infraestructuras críticas y las huelgas vinculadas a la prevención y la seguridad de las personas. Y, una vez más, leemos sobre cambio climático y desalojos de poblaciones tras el paso de la borrasca Leonardo.
Son noticias distintas, en ámbitos distintos, pero con un mismo trasfondo.
La sensación de estar asistiendo a la convergencia de varias insostenibilidades que durante años se han tratado por separado: la económica, la operativa, la territorial y la climática. Visto desde la empresa, esto no va de ideología. Va de continuidad operativa, costes, riesgos y resiliencia.
Cuando el sector primario deja de ser viable, se tensionan las cadenas de suministro. Cuando las infraestructuras funcionan al límite, afloran riesgos y costes ocultos. Cuando el clima expulsa a personas y actividades, el territorio deja de ser estable para invertir y operar.
Quizá la pregunta ya no sea qué conflicto gestionar hoy, sino si el modelo será capaz de absorber… tanta agua. Y, sobre todo, qué impacto real —económico, social y humano— está teniendo ya todo ello, aunque aún no aparezca en las cuentas….




